Todo lo bueno es don

El cuarto misterio gozoso del Rosario, la presentación de Jesús en el templo, siempre me sumerge en una idea: la Virgen era completamente consciente de que todo lo que tenía era don de Dios, por supuesto su hijo Jesús, pero no solo, también su entrega incondicional y su alegría, la acción diligente de la Visitación a su prima y la mirada atenta en Caná, eran fruto de un don de Dios. A veces me he preguntado si Ella era consciente de haber sido concebida inmaculada; y no sabría decir, pero en cualquier caso habría sabido que es un don de Dios absolutamente gratuito. Estaba cumpliendo la Ley al presentar a su hijo en el templo, pero nuevamente no solo; estaba haciendo lo que era de justicia: entregar a Dios lo que es Suyo. Esta idea me traslada siempre al ofertorio de la Misa. A mí me gustaría no atraer ninguna mirada si no es para mostrar a Cristo. De verdad es así, aunque a veces me haya alegrado haber sido el foco. Incluso entonces, ojalá no lo hubiera sido; sería ver...