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Contemplar para conocer

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En mi primer trabajo, una compañera me preguntó cómo sabía que Dios existe. Recuerdo que le dije una simpleza, que, además, no era verdad: "porque lo siento". Habría sido mejor "porque lo intuyo", porque por aquel entonces no sentía a Dios ni tenía una relación con Él. Pero la respuesta más verdadera habría sido que porque me lo dijeron mis padres y me fío de ellos. No es poca cosa esta verdad porque así empieza la fe, por la confianza en las personas que nos han ayudado a conocer.  Pero no es suficiente. Hay que pasar de esta fe, digamos, infantil a una fe basada en nuestras propias experiencias. Hay que dar el salto de la credulidad a la amistad con Dios, por nuestra relación con Jesús. Yo no di este salto hasta los treinta aproximadamente, después de haber pecado mucho. Treinta años de separarme poco a poco del que da sentido a la existencia de todo. Sin embargo, había un germen en mí, por lo que me enseñaron mis padres, que me lanzó afuera del pozo inmundo donde...

Amor y perdón siempre van de la mano

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  A partir de mi encuentro con Jesús en una iglesia de Tres Cantos, inicié un camino en el que Él me ha transformado poco a poco. Tuve necesidad de empaparme de todo lo que me hablara de Él. La Biblia es la fuente principal y por eso me apuntaba a todo lo que sonaba a Biblia y Teología.  En un momento dado me entretuve con buscar errores en la Biblia. Vanidad de vanidades. Me acuerdo especialmente del aparente error en los relatos de la conversión de San Pablo.   Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. (Hch 9,7) Mis compañeros vieron el resplandor, pero no oyeron la voz que me hablaba. (Hch 22,9) Hay muchas posibles explicaciones, pero a mí me preocupan poco, porque si en 2000 años de Iglesia nadie lo ha cambiado es porque o es irrelevante o encierra una sabiduría que no alcanzo a comprender todavía.  De esa época me llevé la convicción de que los aparentes errores daban credibilidad al texto esencial insp...

Chascarrillos

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Me ha vuelto a pasar. He metido la pata hasta el corvejón. El otro día repetí el momentazo de gritar que me duele el coxis, pero esta vez, como si se tratara de un récord que hay que batir, lo grité tres veces. El sacerdote me ignoró, y lo agradecí porque me sirvió para no agobiarme. ( Aquí puedes leer el artículo que escribí con la anécdota ).  ¡Ay, Madre! que me acabo de dar cuenta de que pudo ser peor de lo que había pensado. Estos días están retrasmitiendo la misa en Radio María. No recuerdo si era una misa retrasmitida. Igual mi coxis se ha paseado por las ondas del universo. Espero que no. ¡Uf! Pero también me pasan cosas bonitas. Hace unos días, se fijó en mí una niña que aún no tendría ni cuatro años. Le dijo a su madre que yo era una señora muy enfermita, pero que era una princesa. Su madre le preguntó que cómo lo sabía, a lo que la niña contestó que porque llevaba corona. Me pareció súper tierno. Donde yo veo un artilugio aparatoso para mantener la cabeza levantada, ella ...

La yo pensada por Dios

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Echo la vista atrás y me sobrecoge mi vida pasada. Últimamente me vienen momentos de mi infancia y juventud con sorprendente nitidez. Me quedo perpleja ante mis pensamientos y obras de aquel entonces. Son muy diferentes a los actuales. Me cuesta reconocerme, pero aquélla era yo, aunque no me guste nada. No era la yo pensada por Dios, era la yo manipulada por el Malo.   Es casi como si me hubieran cambiado el corazón. Mi corazón de piedra de antaño, egocéntrico y vanidoso, es ahora en gran parte de carne. Y esto no lo he hecho yo. Es obra de Dios. Me pregunto muchas veces por qué me regala tantas gracias, habiéndolo tratado tan mal. Es la Misericordia gratuita de Dios. Todos los días doy gracias por este maravilloso e inmerecido don. Creo que esto que le pasa a mi corazón es aquello que le dijo Jesús a Nicodemo:    «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios». Jn 3, 3 «En verdad, en verdad te digo: El que no nazca de agua y de...

Lo imposible se hace realidad

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Hace unos cuantos días, durante mi duermevela matinal habitual, me preguntaba dónde estaría Dios, y me parecía que no podía estar en un lugar determinado, porque sería finito y por tanto no sería Dios. Y se me ocurrió entonces que lo debía de ocupar todo. Y que toda su creación está inmersa en su seno, como un bebé en el seno de su madre. Dios crea hacia dentro. Me imaginé a Dios como una gran nube luminosa sin fin, en la que se veía el Universo entero en el interior de la nube. Así, si pudiésemos llegar al límite del Universo, al otro lado, en vez de la nada, estaría Dios. Yo miraba el universo desde una zona de la nube más luminosa que el resto; como si fuera la cabeza de Dios. Me parecía precioso, lleno de luces y colores. Y me maravillaba cómo Dios sujetaba el Universo y lo miraba con ternura y sin apartar la mirada ni un instante.  Ahora cuando rezo a Dios Padre me imagino esa nube luminosa; antes rezaba mirando la aureola de los santos, porque me parece que es la misma luz de...

En Betania como en casa

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En la semana de Pasión, Jesús iba a descansar a la casa de sus amigos Lázaro, Marta y María, a los que quería mucho. Todos los Evangelios hablan de Betania y  dejan entrever que iba muchas veces porque era un sitio donde se sabía querido y bien cuidado. Algunos ejemplos:  Y dejándolos salió de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche. (Mt 21,17) Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo y, como era ya tarde, salió hacia Betania con los Doce. (Mc 11, 11) Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. (Jn 12,1-2) Por todas estas referencias y algunas más, para mí, Betania significa lugar donde hay paz, adonde se acude a descansar y disfrutar de buena compañía.  Desde que hicimos la obra en casa, para poder movernos con comodidad y seguridad,  y por las circunstancias que nos rega...

Llanto y risa

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  Hace unas semanas, me ocurrió algo bastante bochornoso. Fuimos a Misa de ocho, como cada día, y yo iba muy distraída, porque desde principios de septiembre me estaba doliendo mucho la rabadilla; amenazaba la temida escara. Dejé pasar la homilía para no distraer a Alejandro, pero al iniciar las preces, escribí en mi comunicador "me duele la rabadilla", con la intención de que lo leyera Alejandro y corrigiera mi postura. Siempre llevo el volumen quitado en misa, por tantas veces que sin querer le doy al botón de hablar, y esta fue una de esas ocasiones; pulsé el botón de hablar. Como había entrado en la capilla totalmente distraída, llevaba el volumen al cien por cien, o sea "a grito pelao". No contenta con una vez, por los nervios de lo que acababa de ocurrir, volví a pulsar el botón de hablar. Se hizo un silencio sepulcral, se silenciaron hasta las toses, y el sacerdote me miró como diciendo si ya había terminado, para poder continuar él. Yo quería morirme, pero m...