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El mordisco

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 Cuando mi hijo Gabriel era muy bebé era para comérselo. Bueno, los tres eran de mordisco, pero es que con Gabriel tengo una anécdota un poco bruta pero muy oportuna para lo que quiero contar. Yo conducía, y él iba a mí lado en su sillita del coche. Me observaba y me hacía ojitos y yo le respondía con carantoñas de madre eclipsada por el cariño incondicional del hijo. Entre tantos cariños, Gabriel alargó su manita como para cogerme y yo le respondí con un beso. Debió de gustarle e insistió, una y otra vez hasta que yo de puro regocijo le quise dar un mordisquito en su puñito para hacerle reír, con tan mala suerte que estiró el dedo, yo no lo vi, y le arreé un bocado que le hizo llorar inconsolable. Pobre hijo. Me he acordado de esta anécdota al leer el libro "Tú pecador. El arte de la confesión frecuente" de José Fernando Rey Ballesteros, que recomiendo mucho. En él viene a decir que cuando un miembro de la Iglesia comulga el Cuerpo de Cristo no le muerde a Jesús arrancando u...

Quiero ser ese bebé

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Desde hace un tiempo, cuando rezo, me apoyo en una imagen que no sé de dónde salió, pero se me quedó fijada en la memoria. Tanto es así que la puse de fondo en mi móvil para verla todo el tiempo y rezar contemplándola. El bebé, que rodea con sus bracitos el rostro de Jesús crucificado, me inspira y mueve mi corazón a desear consolarle en su pasión. Pero también a desear hacerlo como ese bebé, con inocencia y suavidad. Como sólo un niño se conmueve y, saltándose todos los respetos humanos, se lanza a acariciar. ¿No os ha ocurrido alguna vez, estar sufriendo algo y pasando un mal rato y de pronto se acerca un niño te lanza una sonrisa y todo se suaviza? Pues yo quiero ser así. En algo me voy pareciendo porque el otro día supe que una persona que conocí en un retiro hace unos cinco años pintaba unos cuadros muy bonitos y a través de su mujer supe que quizá aceptaría pintar el cuadro que me inspiraba tanto. El encargo le llegó al marido casi de inmediato y se alegró tanto del encargo y de ...

La sorprendente historia de la reforma de mi casa

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Hace tiempo que no escribo en el blog y me quiero re-estrenar con la sorprendente historia de la reforma de mi casa. Lo quiero contar porque entre mis oraciones de la mañana hay una que termina con esta petición: "ayúdame, oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día". Y como Ella tiene mucho que ver con la historia, no voy a desaprovechar la oportunidad de hablar de Ella. Hace 22 años que vivimos en la misma casa, la primera y única casa nuestra y ni una sola vez hicimos obras salvo algunos retoques menores. Y, la verdad, estaba muy desmejorada. Por eso yo pensaba que había que hacer obras y hacerla más cómoda, dados los múltiples cacharros que mi enfermedad nos obliga a tener. Hablábamos de ello pero como de un sueño inalcanzable porque mi estado físico no está como para meterse en obras. Y por supuesto no teníamos dinero para embarcarnos en esta odisea. Yo veía que Álex sufría muchos dolores por levantarme unas 30 veces al día y después del verano le dije a nuestra ...

La clave

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Estos días he visto cómo varios compañeros de enfermedad han vuelto a poner sus dones al servicio de todos los enfermos de ELA y de la sociedad en general. Ellos reivindican y luchan por todos nosotros y de lo que logren nos beneficiaremos nosotros. No puedo estar más agradecida por ellos y nunca agradeceré suficientemente sus vidas. Gracias Jordi Sabaté y Jorge Murillo. Pero yo no soy reivindicativa ni política.  Yo sólo sé rezar por ellos y es lo que hago desde hace mucho tiempo. No lo cuento para presumir de nada sino para que ellos sepan de qué forma contribuyo a sus luchas y que no están solos. Javier, Jordi, Noemí, Jorge, Pelayo, Jesús, Astrid, Luisa, Estela, Esther, Olga, Rakel, José, Araceli y otro Jorge más. Me gustaría poder explicarles a todos ellos el secreto de mi alegría a pesar de estar perdiendo por goleada la batalla del cuerpo contra la ELA. Porque sí, voy perdiendo: desde que tengo la sonda gástrica todo se ha complicado mucho, ya no solemos llegar a ...

El ser con el que basta con estar

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Hace unos días hemos dado una charla a un numeroso grupo de jóvenes de Hakuna.  Es verdad que ya no estoy para muchas charlas, y si lo hicimos fue porque nos lo pidió nuestra hija. ¡Qué no hacemos los padres por nuestros hijos! Estuve todo el día en silencio para ahorrar energías y poder hablar los quince minutos que hablé. Un enfermo de ELA que ya murió decía: "ya no puedo, pero aún puedo". Me encanta la frase y define maravillosamente lo que vivimos muchos enfermos. Ya no puedo dar una charla, pero, ni sé cómo, aún puedo.  No voy a repetir en este post lo que contamos, de eso ya se encargó Alejandro enviándolo a todos los grupos de WhatsApp (cómo le gusta, madre mía 🤔). Yo me lanzo y, superando mis complejos, os comparto el YouTube: https://youtu.be/MSzAN_2pvlc El post no es para esto, sino para compartir algo que, a raíz de esta charla, he visto con fuerza en la oración de los días siguientes.  El título de la charla, "No es lo que hacemos sino lo que somos" era...

Somos astutos e hijos de la Luz

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La lectura de la Misa de hoy, viernes 4 de noviembre, ha sido la del administrador injusto, alabado como astuto por el amo (Lc 16,1-8). Es un pasaje siempre complicado de entender y el sacerdote lo ha relacionado brillantemente con Jesús, porque Él es el que condona todas nuestras culpas, muriendo en la Cruz.  Confieso que me cuesta mucho imaginar a Jesús como ese administrador de la parábola, ya que, a diferencia del protagonista, Jesús es siempre honesto y bueno y eficiente en sus trabajos, nunca negligente. Entonces, rezando, el Espíritu Santo me ha dado una luz que quiero compartir.  Casualmente, aunque nada es casual, en una conversación con mi padre recordé que durante esta semana podía ayudar a obtener indulgencias plenarias por almas difuntas del purgatorio. Tenía que visitar el cementerio y rezar por un alma y luego cumplir con lo habitual de las indulgencias: confesarme, comulgar y rezar por el Papa.  Le propuse a Alejandro hacer esta obra de caridad...

Lo echo de menos

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Hace cosa de un año, un periodista me preguntó qué echaba más de menos de lo que me había quitado la ELA y, sin reflexionar ni nada, dije: ¡Conducir! Menuda tontería que me salió. Es cierto que lo dije por lo que significa de libertad y autonomía, pero vamos, que me alegré de que finalmente no apareciera en el programa tan gloriosa respuesta.  Ahora tengo muy claro cuál sería mi respuesta. He tenido tiempo de reflexionarlo. En primer lugar echo de menos dar besos y abrazos. No vayáis a creer que antes era excesiva en efusiones cariñosas. Ya me he definido en otras ocasiones como rasposa. Pero hay momentos ahora en que me gustaría agarrar la cara de Alejandro y plantarle un buen beso, o corresponder con fuerza a los abrazos tímidos que recibo por miedo a hacerme daño. Cuando un hijo se me acerca y acurruca un poco en el regazo, cómo me gustaría abrazarlo y darle un beso en la frente. Y ni que decir tiene si además está llorando. Sí, lo echo mucho de menos.  La otra cosa es pon...