Una lotería imposible


 Ahora que puedo hablar con mi propia voz a través del comunicador, estoy sintiendo que me cuesta mucho mover el ojo a la derecha. Yo creía que no podía pasar en la ELA, que los músculos encargados de los movimientos oculares, no fallaban nunca; pues estaba equivocada -me lo confirmó el neurólogo, existen casos descritos-. Así que sí, me vuelve a tocar una lotería imposible. 

Realmente esto es dramático, porque sin movimiento ocular es imposible la comunicación. ¿Cómo voy a poder decir que me duele algo? ¿Cómo voy a poder leer si no podré ni pasar de página? Es más, ni siquiera podré pedir que me pongan el libro frente a mí, o que me lo abran en el ordenador. 

Esto me agobia bastante, la verdad sea dicha. Más incluso que cuando se me meten las moscas en la boca; inconvenientes de tenerla siempre abierta. Pero a la par con mis pesadillas con cucarachas y ratas.

Si se hicieran realidad mis pesadillas, que consisten, en el caso de las cucarachas, que se suben en masa por mis piernas y se meten por todos los orificios de mi cuerpo -gracias a la ELA son dos más de lo estándar-; y en el caso de las ratas, me comen empezando por los pies; confío en que me daría un infarto que me llevaría derecha al Cielo. 

Pero en el caso de los movimientos oculares creo que no me daría un infarto ni nada por el estilo. Me imagino que lo único que podré hacer será rezar y meditar. También podré ver las series y películas que me pongan delante, aunque no podré elegir. Pero yo me suelo aburrir de hacer todo el tiempo lo mismo. Creo que haré un horario desde la mañana a la noche con las actividades que quiero hacer. Sí, eso haré.

Cuando yo le digo a Dios en misa: "Padre me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, cualquier cosa que hagas de mí, te doy las gracias, estoy dispuesta a todo, lo acepto todo...", lo digo de verdad. Pero no quiero que ocurra, como tampoco quiero dejar de comulgar. Por eso me uno a la oración de Jesús en el huerto de los olivos: «¡Abbá! ¡Padre!: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz. Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres» (Mc 14, 36).

Comentarios

  1. Muchísimas gracias, Águeda, por abrirnos tu vida interior. Esta situación va a acabar de desapegarte de todas las cosas, pero estoy seguro de que va a abrir en tu alma una vía de comunicación basada en tu oración profunda y en tu diálogo ininterrumpido con la entera Trinidad. Quiero que sepas que nunca estarás sola, que en tu silencio orante habita la amplitud de la Iglesia, y que somos muchos los que oramos por ti y contigo, por tu familia y con ella. Pido al Señor que derrame un agua viva sobre tus sueños para que las pesadillas se conviertan en gracia desbordante y en consuelo para tu corazón. ¡Gracias!
    Francisco José

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  2. Gracias, Águeda, por tu testimonio. No nos conocemos, pero te sigo desde hace tiempo. Cada entrada que escribes y que leo me remueve por dentro. Te tengo presente.

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