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La ELA no es mortal para mí

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  Cuando me diagnosticaron la ELA, solía decir que me dieron una sentencia de muerte. Y no era mentira. La ELA mata -vaya que si mata-, pero sólo el cuerpo. Con los años he ido cambiando mi percepción de la enfermedad, he dejado atrás la expresión tan mundana de la sentencia, y me inclino por un nuevo nacimiento o una resurrección en vida. Lo que sin duda ha supuesto para mí es una oportunidad que he sabido aprovechar, por gracia de Dios, para que se produjera el nacimiento, la resurrección. Soy una persona nueva, renovada por dentro. A medida que mi cuerpo va muriendo mi alma se vivifica. He dicho varias veces que la ELA nos ha salvado a mí y a mi familia; en realidad nos ha salvado Cristo, pero se ha valido de la ELA; de esto no tengo la más mínima duda. Tenemos mucho que agradecer a esta cruel enfermedad. A mí, además, me ha mostrado esa vocación tan particular y tan mía de ser apóstol del sufrimiento, para la que Dios me ha preparado desde siempre -estoy segura-. Es...