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Muerte que da Vida

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El domingo estuve hablando con mi amiga Carmen y sin querer nos pusimos a hablar de la Cruz y el sufrimiento. Me pasa muy a menudo que acabo hablando de cosas muy profundas y trascendentales, que son difíciles de entender por quien tengo delante, si no acoge lo que digo -lo que vivo- con corazón abierto. Pero en general, aunque no entiendan muy bien, al menos no se escandalizan nunca. Carmen no se escandalizó, sino que me agradeció y se emocionó. Yo también, ¡Cómo no! Después de esta conversación, el lunes, festividad de Santiago Apóstol, se leyó en la Misa un fragmento de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios y uno de los versículos empezó a resonar en mi cabeza: "De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros." 2Cor 4,12. Era como si San Pablo hubiera explicado lo que yo intuyo de mi propia vivencia con palabras muy sencillas, pero a la vez con una profundidad abismal.  Lo que hablé con Carmen iba de la gracia inmensa que siento que he rec...

Mensajes escondidos

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He conocido a una persona que me ha tocado el corazón. Es alguien muy culto, sensible, pacífico, honesto, buscador de la verdad y de la justicia desde el amor. Ha sufrido mucho, pero no actúa movido por el rencor. Admirable; y lógico por otro lado, ya que, como he dicho, es un buscador de la verdad y ésta es el Amor. Esta persona ha leído el libro que habla de Alejandro y de mí y ha visto nuestros testimonios en Internet. Cuando nos lo dijo, me salió una disculpa por creer que nuestras cosas no estaban al nivel de una mente tan privilegiada, pero es sensible, y olvidaba decir que humilde y sencillo también. Y todo ello unido le ha permitido descubrir una profundidad inmensa en lo que yo describo, con prisa acomplejada, avergonzada y atolondrada, como poco profundo. Después de rezarlo, confieso que me he sentido un poco profeta, porque, como ellos, no sé el alcance de mis palabras, y son otros los que descubren los mensajes escondidos por Dios en ellas. Es maravilloso darse cuenta de qu...

Milagros

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El afligido invocó al Señor, él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. Sal 33,7 No sé por qué tenía este versículo en mi cabeza al despertarme, pero me puse a rezar con él; y todo el tiempo me venía que el que pone su confianza en el Señor -y yo así lo hice desde el momento de mi diagnóstico- Él lo escucha. Le daba las gracias a Dios de todas las angustias de las que me había liberado y las iba repasando una a una.  Desde la primera angustia, que fue ese pozo negro en el que me encontraba y del que me rescató por su infinita misericordia, hasta todos y cada uno de los milagros que he visto realizados en mi persona; y pensaba que tendría que contárselos al mundo.  Después de esta oración, al llegar a misa, en el salmo se repitió: "Recordad las maravillas que hizo el Señor”, y para mí fue como una confirmación de que debía hacerlo. Algunos de estos milagros los he contado ya en diversas ocasiones pero creo que nunca en este blog. Así que me dispongo a escribir sobre los princip...

Metáforas

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Me he acordado últimamente de esa historia tan gráfica que circulaba por las redes y que yo recuerdo de esta manera: una escena en la que un niño juega a los pies de su madre mientras ella está tejiendo un tapiz; el niño cuando mira hacia arriba sólo ve hilos entrecruzados sin sentido ni orden y nudos que lo afean todo, pero, cuando la madre coge al niño en su regazo, puede ver la parte principal del tapiz y ve un paisaje maravilloso. He pensado en esta historia al meditar sobre la dificultad para comprender el sufrimiento por parte de muchas personas, bueno, por parte de todos, porque a mí también me cuesta comprenderlo; somos como ese niño cuando miramos el revés del tapiz; vemos algo feo y sin sentido y nos cuesta mucho imaginar lo que hay detrás, lo que Dios quiere hacer con esos nudos y esos hilos entrecruzados y aparentemente desordenados.  No he meditado nada nuevo, ya que el sentido de esta historia era exactamente éste, el hecho de que vemos la realidad desde el lado trase...

Por qué digo que soy feliz

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El otro día Alejandro y yo dimos un testimonio ante veintitantos chicos de alrededor de 20 años; el testimonio fue bien, pero fueron mejores aún las preguntas que nos hicieron al final. Todas ellas eran profundas y mostraban un gran nivel e inquietud en estos chicos. Cuando das un testimonio nunca estás suficientemente preparado para contestar a preguntas abiertas y en esta ocasión yo me sentí francamente inexperta; sé que, en gran medida, es culpa de ese pecado de vanidad que arrastro desde siempre, pero lo cierto es que en todas me sentí acorralada y me quitaron el sueño de la noche meditando y reflexionando sobre qué hubiera sido mejor contestar.  Una de estas preguntas decía algo así como que yo había dicho que, a pesar de mis sufrimientos, mi vida era feliz y que cómo era capaz de decir que era feliz, qué aspectos concretos me hacían decir esto, cómo se podía saber que la vida es feliz en mis circunstancias. La pregunta se las trae. Me vino de pronto algo que había recordado e...

Ya en el Siglo I...

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No puedo con lo de la muerte digna. Como si morir, asunto más natural imposible, requiriera mejoras; como si fuéramos capaces de crear una versión mejorada de la Creación misma. Nuestra dignidad no podemos dárnosla nosotros mismos, porque no sería tal. La dignidad es inherente al ser humano por el hecho de serlo, porque nos la concede, como un don, quien está por encima de nosotros. Y por eso no hay nada que podamos hacer para aumentar, aunque sí para pisotear, nuestra dignidad. Parece como si fuera más digno morir de una teja en la cabeza, que morir luchando contra el cáncer hasta el último minuto. Y realmente lo que es es menos meritorio. La muerte más meritoria que conozco es la de Cristo, porque es la del más inocente y la que más amor derrama, pero ya lo dice San Pablo, escándalo para los judíos y necedad para los gentiles (cf 1Cor 1,23). Quien no ve a Dios ahí es quien piensa que su dignidad cayó por los suelos, es quien piensa que ya podían haberle quebrado las piernas antes – e...

Mi oración testimonio

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Hoy he dado un breve testimonio en una parroquia y lo he hecho frente a Jesús sacramentado por lo que he necesitado convertirlo en oración.  Algunos han querido que les permitiera tener la oración para poder rezar con ella. Así que he decidido que, aunque es la intimidad de mi corazón con Jesús, la comparto en mi blog.  “Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad” ¿te acuerdas Jesús cuando te dije esto desde el fondo de mi corazón? Fue porque me hiciste saber que habías muerto por mí; eso ya lo sabía de antes, pero no de la manera que lo supe a partir de entonces; me interpelaste de tal modo que me cambió la vida. Después de un tiempo permitiste en mi vida una enfermedad durísima, la esclerosis lateral amiotrófica, la ELA, que poco a poco iba a ir quitándome la movilidad de todos los músculos de mi cuerpo, hasta los músculos respiratorios, que me iba a dejar sin la posibilidad de hablar y de tragar y que en pocos años me iba a quitar la vida. ¡Qué mazazo tan grande! Te pedí tiemp...