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El premio

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Cuando sólo tenía un hijo, pensaba que ponerle el chupete para que se calmase era de mala madre. Así que a Miguel no se lo di. ¿Y qué ocurrió? Pues que para calmarse empezó a chuparse el dedo, se deformó brutalmente el paladar y cuando quisimos que dejara el hábito no fuimos capaces. Hubo que ponerle una aparatosa ortodoncia y sufrió muchísimo.  En una ocasión Alejandro le propuso un trato: si dejaba de chuparse el dedo le regalaríamos una pecera con un pececito. El primer día lo intentó pero acabó sucumbiendo a la tentación. Pero Alejandro ya lo consideró un gran logro y se presentó en casa con una pecera redondita y un pececillo surcando los mares de su pequeño mundo. Miguel no volvió a acordarse de que había hecho un trato, siguió chupándose el dedo y el pececillo pereció de tanto cambiarle el agua y limpiar la pecera con jabón. Esto de dar los premios por adelantado es muy de mi marido y también de Dios. Estoy últimamente hablando de María a unos amigos nuevecillos...

El abrazo de Jesús

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Estoy en un momento difícil de la enfermedad. Aunque aún no he dejado de hablar, es muy difícil hacerme entender. En primer lugar porque ni mi lengua ni mis labios se mueven como yo quisiera, con lo que no vocalizo bien, pero también porque no tengo aire suficiente ni fuerza y, por tanto, tampoco se me oye. A esto se une que ya no puedo usar la mascarilla de olivas nasales porque no soy capaz de retener el aire a la vez que hablo, lo que provoca una cascada de saliva del calibre de las del Niágara. En definitiva, estoy aprendiendo a estar callada. No es nada fácil. En este momento de adaptación he tenido que superar un hito que me causaba mucha inquietud, la dirección espiritual y la confesión ayudándome de una aplicación del móvil que habla por mí. Lo superé ayer mismo aunque no sin muchas vergüenzas. El sacerdote fue todo paciencia y comprensión. Estando en este trance, en el que llevo unos meses, me cuesta sentir que Dios me ama -me avergüenza escribir esto porque no me ...

Jóvenes Católicos I

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Desde hace un par de meses estoy colaborando con Jóvenes Católicos  con un artículo al mes.  No son nada especial, ni diferente de lo que publico en el blog. De hecho puede que recuerden a entradas ya publicadas aquí. Pero me ha parecido buena idea hacerlos accesibles desde mi blog. Así que los iré colgando poco a poco. Artículo 1: El camino que lleva al Cielo Abril 2023 El camino que lleva al Cielo Artículo 2: Águeda tiene ELA: "elegí la cruz libremente" Mayo 2023 Águeda tiene ELA Artículo 3: El brindis de la Esperanza Junio 2023 El brindis de la Esperanza

El mordisco

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 Cuando mi hijo Gabriel era muy bebé era para comérselo. Bueno, los tres eran de mordisco, pero es que con Gabriel tengo una anécdota un poco bruta pero muy oportuna para lo que quiero contar. Yo conducía, y él iba a mí lado en su sillita del coche. Me observaba y me hacía ojitos y yo le respondía con carantoñas de madre eclipsada por el cariño incondicional del hijo. Entre tantos cariños, Gabriel alargó su manita como para cogerme y yo le respondí con un beso. Debió de gustarle e insistió, una y otra vez hasta que yo de puro regocijo le quise dar un mordisquito en su puñito para hacerle reír, con tan mala suerte que estiró el dedo, yo no lo vi, y le arreé un bocado que le hizo llorar inconsolable. Pobre hijo. Me he acordado de esta anécdota al leer el libro "Tú pecador. El arte de la confesión frecuente" de José Fernando Rey Ballesteros, que recomiendo mucho. En él viene a decir que cuando un miembro de la Iglesia comulga el Cuerpo de Cristo no le muerde a Jesús arrancando u...

Quiero ser ese bebé

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Desde hace un tiempo, cuando rezo, me apoyo en una imagen que no sé de dónde salió, pero se me quedó fijada en la memoria. Tanto es así que la puse de fondo en mi móvil para verla todo el tiempo y rezar contemplándola. El bebé, que rodea con sus bracitos el rostro de Jesús crucificado, me inspira y mueve mi corazón a desear consolarle en su pasión. Pero también a desear hacerlo como ese bebé, con inocencia y suavidad. Como sólo un niño se conmueve y, saltándose todos los respetos humanos, se lanza a acariciar. ¿No os ha ocurrido alguna vez, estar sufriendo algo y pasando un mal rato y de pronto se acerca un niño te lanza una sonrisa y todo se suaviza? Pues yo quiero ser así. En algo me voy pareciendo porque el otro día supe que una persona que conocí en un retiro hace unos cinco años pintaba unos cuadros muy bonitos y a través de su mujer supe que quizá aceptaría pintar el cuadro que me inspiraba tanto. El encargo le llegó al marido casi de inmediato y se alegró tanto del encargo y de ...

La sorprendente historia de la reforma de mi casa

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Hace tiempo que no escribo en el blog y me quiero re-estrenar con la sorprendente historia de la reforma de mi casa. Lo quiero contar porque entre mis oraciones de la mañana hay una que termina con esta petición: "ayúdame, oh María, en hacer tu corazón más conocido cada día". Y como Ella tiene mucho que ver con la historia, no voy a desaprovechar la oportunidad de hablar de Ella. Hace 22 años que vivimos en la misma casa, la primera y única casa nuestra y ni una sola vez hicimos obras salvo algunos retoques menores. Y, la verdad, estaba muy desmejorada. Por eso yo pensaba que había que hacer obras y hacerla más cómoda, dados los múltiples cacharros que mi enfermedad nos obliga a tener. Hablábamos de ello pero como de un sueño inalcanzable porque mi estado físico no está como para meterse en obras. Y por supuesto no teníamos dinero para embarcarnos en esta odisea. Yo veía que Álex sufría muchos dolores por levantarme unas 30 veces al día y después del verano le dije a nuestra ...

La clave

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Estos días he visto cómo varios compañeros de enfermedad han vuelto a poner sus dones al servicio de todos los enfermos de ELA y de la sociedad en general. Ellos reivindican y luchan por todos nosotros y de lo que logren nos beneficiaremos nosotros. No puedo estar más agradecida por ellos y nunca agradeceré suficientemente sus vidas. Gracias Jordi Sabaté y Jorge Murillo. Pero yo no soy reivindicativa ni política.  Yo sólo sé rezar por ellos y es lo que hago desde hace mucho tiempo. No lo cuento para presumir de nada sino para que ellos sepan de qué forma contribuyo a sus luchas y que no están solos. Javier, Jordi, Noemí, Jorge, Pelayo, Jesús, Astrid, Luisa, Estela, Esther, Olga, Rakel, José, Araceli y otro Jorge más. Me gustaría poder explicarles a todos ellos el secreto de mi alegría a pesar de estar perdiendo por goleada la batalla del cuerpo contra la ELA. Porque sí, voy perdiendo: desde que tengo la sonda gástrica todo se ha complicado mucho, ya no solemos llegar a ...