Lo yo pensada por Dios




Echo la vista atrás y me sobrecoge mi vida pasada. Últimamente me vienen momentos de mi infancia y juventud con sorprendente nitidez. Me quedo perpleja ante mis pensamientos y obras de aquel entonces. Son muy diferentes a los actuales. Me cuesta reconocerme, pero aquélla era yo, aunque no me guste nada. No era la yo pensada por Dios, era la yo manipulada por el Malo.  

Es casi como si me hubieran cambiado el corazón. Mi corazón de piedra de antaño, egocéntrico y vanidoso, es ahora en gran parte de carne. Y esto no lo he hecho yo. Es obra de Dios. Me pregunto muchas veces por qué me regala tantas gracias, habiéndolo tratado tan mal. Es la Misericordia gratuita de Dios. Todos los días doy gracias por este maravilloso e inmerecido don. Creo que esto que le pasa a mi corazón es aquello que le dijo Jesús a Nicodemo:   

«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios». Jn 3, 3

«En verdad, en verdad te digo: El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu». Jn 3, 5-8


Mi bautismo y confirmación no fueron lo que deberían haber sido. Recibí una gran gracia que no supe aprovechar. y se quedó sin efecto este renacer; "Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron" (Jn 1,11). Pero la huella que dejaron en mí estos Sacramentos, como mecha vacilante que Dios no apaga (cf. Is 42, 3), es imborrable, y poco a poco volvieron a hacer notar que la última palabra no la tiene el mal, sino Dios. Y aunque no sepa cómo lo ha hecho, con el tiempo compruebo que me voy pareciendo a la yo pensada  por Dios. Es un renacer integral, un cambio de personalidad radical, aunque sea un nacimiento por etapas y aún me falten las de alta montaña. Pero ya se nota y mucho. Por lo mucho que se nota, siempre hay alguien que me dice que soy santa. A todos los que me lo dicen les pido que no lo hagan. A ver si no van a rezar cuando me muera y me quede atrapada en el purgatorio. A decir verdad, yo le pido a Dios que cuando me lleve consigo, me haya transformado totalmente el corazón y pueda amar como Él quiere que ame, y pueda ir directa al Cielo; pero no lo merezco así que rezad siempre por mí.   

Yo me quedo atónita ante el cambio de personalidad. Hubiera jurado que no es posible tal cosa, pero para Dios no hay nada imposible. Y vuelve machacona la pregunta  de siempre ¿por qué me regala este milagro? sólo Dios sabe. A mi me gusta pensar que es por la consagración que rezo cada mañana -salvo en momentos puntuales.

En 2014 fui  a Medjugorje con dos amigas. Nos unimos a un grupo de Bilbao -mi tierra-. Al volver, en el autobús que nos llevaba al aeropuerto, una peregrina con la que congenié me regaló un librito que se llamaba "Consagración personal al Corazón de Jesús" de Florentino Alcañiz, s.j.. Lo devoré y poco a poco me lo aprendí. Es un pacto entre Jesús y yo, en el que Él se ocupa de mis cosas y yo de las suyas. Al final del artículo pongo la fórmula de la consagración. Jesús no deja que lo que rezamos se pierda, cada palabra que pronunciamos, muchas veces sin prestar atención, es recibida y escuchada. Y Jesús se encarga de todo a partir de ese pacto. 

¿Cómo hacer para que todos tengan esta confianza en Jesús?. Esto es verdad, hacedme caso, Él actúa de verdad.    


Consagración personal al Sagrado Corazón de Jesús adaptada a mí

  

Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo Águeda, aunque llena de miserias y ruindades, alentada sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.

Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustosa y agradecida acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerta, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien. 

Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén. 


Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente reciten esta CONSAGRACIÓN PERSONAL al Sagrado Corazón de Jesús. 



Comentarios

  1. Gracias por compartir algo tan personal. Se nota que está escrito desde dentro y sin prisas. No es un texto que se lea por encima, invita a parar un momento. Hay mucha sinceridad y mucha verdad vivida. No suena a teoría ni a discurso aprendido. Se siente camino, tiempo y paciencia. También se agradece la humildad con la que está contado. No siempre es fácil hacerlo. Eso lo hace muy cercano. Gracias por abrir así el corazón y dejarlo aquí.

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    1. Muchas gracias, Angelo. Gracias por leerme con tanta bondad. Que Dios te bendiga.

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