Amor y perdón siempre van de la mano
A partir de mi encuentro con Jesús en una iglesia de Tres Cantos, inicié un camino en el que Él me ha transformado poco a poco. Tuve necesidad de empaparme de todo lo que me hablara de Él. La Biblia es la fuente principal y por eso me apuntaba a todo lo que sonaba a Biblia y Teología.
En un momento dado me entretuve con buscar errores en la Biblia. Vanidad de vanidades. Me acuerdo especialmente del aparente error en los relatos de la conversión de San Pablo.
Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. (Hch 9,7)
Mis compañeros vieron el resplandor, pero no oyeron la voz que me hablaba. (Hch 22,9)
Hay muchas posibles explicaciones, pero a mí me preocupan poco, porque si en 2000 años de Iglesia nadie lo ha cambiado es porque o es irrelevante o encierra una sabiduría que no alcanzo a comprender todavía.
De esa época me llevé la convicción de que los aparentes errores daban credibilidad al texto esencial inspirado por el Espíritu Santo, porque no se preocupan los autores de maquillar el relato para que sea perfecto y coherente con los escritos de otros autores. Y también me llevé la certeza de que es un entretenimiento vacuo, que no lleva a ningún sitio, pero distrae del verdadero sentido de la Biblia.
El otro día alguien querido me dijo que el Padrenuestro tenía que tener un error de traducción porque parece que la Misericordia de Dios depende de que nosotros perdonemos a los que nos ofenden. Ya lo había oído antes. Pero sólo lo parece.
...perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden...
Creo que entender ese "como" como un "porque", es un error que lleva a confusión. Creo que más bien es un "para que ".
Yo entiendo que la oración enseñada por el mismo Jesús para hablar con Dios Padre no puede contener errores, y por tanto, la dificultad para comprender el verdadero significado radica en nuestra persona, no en la oración.
Yo veo dos razones claras para esta petición y afirmación del Padrenuestro.
La primera es la importancia que Dios le da al amor al prójimo, por eso, en el diálogo con el Padre le decimos que nuestra intención es perdonar como Él nos perdona primero; es un compromiso que adquirimos con Dios porque es lo que Dios nos pide en todo el Evangelio. O sea, el perdón de Dios es gratuito, pero la gracia derramada, sobre todo en los Sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía, es viva y eficaz, por eso cambia el corazón. No podemos pretender seguir igual y no esforzarnos por amar al prójimo -el mandamiento principal-, precisamente perdonando sus ofensas. Él quiere que seamos misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso (cf. Lc 6,36). Hay una parábola en la que el amo perdona a su siervo una cantidad inmensa porque le suplica, pero al salir, el siervo no perdona a otro compañero que le debía mucho menos. El amo se entera y le hace pagar todo lo que debía (cf. Mt 18, 21-35). Termina el pasaje diciendo Jesús: "Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano". A mí me parece un acierto poder decirle a Dios Padre que su misericordia nos ha transformado, porque el propósito de Dios es precisamente ese, transformar nuestro corazón, un nuevo nacimiento.
La segunda razón para incluir esta afirmación entre tanta petición es que a quien mucho ama mucho se le perdona. El perdón y el amor siempre van de la mano.
Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco.(Lc 7,47)
A primera vista puede parecer que, efectivamente, el perdón de nuestras ofensas está condicionado. Pero no es así; podría decirse que cuando uno ama, acude veloz a Dios que se deshace y derrama su Misericordia a manos llenas, para así, con la gracia recibida, perdonar a los que te ofenden. Si amas poco, es natural que se te perdone poco, pero no porque no te quiera perdonar sino fundamentalmente porque no acudirás al Sacramento de la Reconciliación y no recibirás la gracia necesaria.
Quien mucho ama, pide perdón y perdona. La voluntad de Dios es salvarnos para poder estar con Él en el cielo. Es necesario renacer, es vital perdonar las ofensas, pero no somos capaces sin la gracia gratuita de Dios..

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