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Como un niño

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Es impresionante cómo un enfermo de ELA, en un estado avanzado de la enfermedad, se vuelve igual que un bebé. En cada aspecto de la vida se comporta como un niño, para moverse necesita que otro le mueva, para hacerse entender tiene que utilizar métodos alternativos al habla, muchas veces el llanto. Para alimentarse alguien debe darle la comida a la boca; comida que no puede preparar por sí mismo. Más tarde tampoco podrá recibir la comida a la boca, sino que alguien deberá enchufársela directamente al estómago, casi casi como quien enchufa un biberón a su bebé. Todo lo que tiene que ver con el aseo debe hacerlo otro por él. Por supuesto en el vestir también está sujeto a otros. En todo se comporta como un bebé. Bueno, en todo no: su cabeza rige como el adulto que es, con plenas facultades mentales. Estos pensamientos me asaltan con frecuencia y se quedan ahí. Pero últimamente me han hecho sentirme afortunada de ser como un bebé, al haberse leído en Misa dos veces casi se...

Creer y hablar de Dios

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Algunas veces me encuentro con personas que, creyendo en Dios, no creen que tenga algo que decir en sus vidas. En ocasiones es una actitud de elección libre, de querer que Dios no "estorbe" sus planes -como si Dios pudiera estorbar-. Pero no en pocos casos es simplemente que no han mamado en su familia el reconocer en todo la caricia de Dios Padre cuidando de sus hijos; nadie les habló de Dios.  Yo podía ser una más de estos últimos, de no haber sido tocada por una gracia especial y concreta por la que sólo puedo dar gracias y alabar y bendecir día y noche al Señor. Las palabras que una y otra vez vienen a mi corazón son éstas: "proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador." No puedo creer que yo sea más especial que el resto, una especie de escogida. No es así. Tiene que ser que Dios está siempre derramando su gracia, y en cierto momento hemos abierto el corazón y la gracia lo ha llenado por entero. Y hemos hecho lo ...

Amor que transforma

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Sólo lo que amo me cambiará de manera hermosa    Esta frase tan pequeña, extraída del libro "Castidad: la reconciliación de los sentidos" de Erik Vardem, encierra una sabiduría inmensa que no sé si todo el mundo llega a comprender.  Esta sabiduría es la de Jesús que conserva las heridas de la Pasión tras la Resurrección. Las conserva porque las ama, no porque sea masoquista, sino porque ama la obra que esas llagas han realizado, la salvación del hombre. A mi me ocurre algo similar con mi ELA, amo lo que Dios es capaz de hacer con ella. Sé que la enfermedad no es deseable, me hace sufrir mucho, lo peor para mí es la humillación que siento cuando mi saliva brota cual fuente, o cuando el aire que se acumula en mi estómago -me gustaría saber por qué lo hace- emerge por mi garganta con nulo control por mi parte. Estas humillaciones son para mí vergonzosas, y desearía no tener que pasar por esto, pero sigo amando lo que Dios es capaz de hacer con ellas; aunque me c...

Sigo hablando

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Hay un salmo que es muy importante para mí, porque fue muy significativo en el momento de mi diagnóstico de la ELA, cuando había hecho una promesa de amor a Dios y me había entregado a la tarea de conocer a fondo todo de Él. Se presentó ante mí al abrir la Biblia para rezar. Estando escribiendo este artículo, también se me ha presentado delante pues fue leído en la Misa en memoria de san Ireneo de Lyon -casualidades de la vida-. Los versículos que me atraparon fueron estos: Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha; que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías. (Sal 137(136), 5-6) Ese "que se me paralice la mano derecha" fue como un dardo en el corazón. A mí se me había paralizado la mano derecha y -tenía que reconocerlo- me había olvidado de Jerusalén, o sea, me había olvidado de que yo pertenecía al Reino. No es que fuera un castigo merecido por ser la hija pródiga, es ...

Le hemos dormido

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En la misa del otro día se proclamó el Evangelio en el que Jesús duerme en la barca en medio de la tempestad (cf. Mt 8,23-27) y los discípulos están -estamos- atemorizados. Para mí que Jesús se duerme en la barca porque no le tenemos en cuenta, no contamos con Él. Cuando creemos que todo va bien en nuestra vida porque todo va saliendo como habíamos previsto, suele ocurrir que empezamos a hablar menos con Jesús, a acompañarle menos veces y menos tiempo en el Sagrario y claro, Jesús se duerme y parece que no está. Así ¡cómo no vamos a tener miedo!.  Hemos cambiado la fe en Jesús por la seguridad en nosotros mismos. Es lógico tener miedo cuando se nos empieza a desmoronar la torre de Babel de nuestras seguridades y autonomía. ¿No aprenderemos de una vez que nada podemos sin Él? Y si algo podemos no es más que una ilusión que tarde o temprano se desvanece. Pero Jesús, aunque no lo parezca, está con nosotros. No está dormido, le hemos dormido. Lo mínimo que podemos esperar e...

Viento y nada

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Y yo pensaba: «En vano me he cansado,en viento y en nada he gastado mis fuerzas». En realidad el Señor defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios. (Is 49,4) Este versículo de la primera lectura de la solemnidad del nacimiento de Juan el Bautista ha captado completamente mi atención. Jesús ha querido que le dedique todo mi tiempo de oración. Estoy en medio de una crisis de ideas para escribir. Me agobia no saber qué contar, quizá es más una crisis de oración. O una crisis de vocación porque igual me he convencido de que Dios me pide escribir y en realidad no. Pero este versículo ha venido a iluminar mi pobre oscuridad. Mis agobios son viento y nada, esfuerzos estériles y vanos porque Dios defiende mi causa. Empeñarme en hacer lo que a mí me parece es gastar mis fuerzas. ¡Si Dios defiende mi causa! No debo agobiarme si no se me ocurre qué escribir, porque si la voluntad de Dios es que escriba Él se encargará de darme temas. Y si no es su voluntad, ¿para qué agobiarme...

Pureza de corazón

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Yo soy de las que siempre pensé que la pureza de corazón es tener un corazón inmaculado, sin mancha ni defecto. A esto contribuyó mucho mi nombre, Águeda, que significa la que es buena. Y también un tío abuelo jesuita, que cada vez que me veía me lo recordaba y yo entendía que tenía que esforzarme por conseguirlo con mis puños. Hace tiempo que comprendí que las cosas no son así y a ello me ayudó mucho un diálogo entre el hermano Francisco de Asís y el hermano León, que está recreado en el capítulo X del libro "Sabiduría de un pobre" de Eloi Leclerc. Ahora me lo estoy releyendo y me lo ha recordado. "Después de un momento de silencio, Francisco preguntó a León: —¿Sabes tú, hermano, lo que es la pureza de corazón? —Es no tener ninguna falta que reprocharse —contestó León sin dudarlo. —Entonces comprendo tu tristeza —dijo Francisco—, porque siempre hay algo que reprocharse. —Sí —dijo León—, y eso es, precisamente, lo que me hace desesperar de llegar algún día a ...