Contemplar para conocer
En mi primer trabajo, una compañera me preguntó cómo sabía que Dios existe. Recuerdo que le dije una simpleza, que, además, no era verdad: "porque lo siento". Habría sido mejor "porque lo intuyo", porque por aquel entonces no sentía a Dios ni tenía una relación con Él. Pero la respuesta más verdadera habría sido que porque me lo dijeron mis padres y me fío de ellos. No es poca cosa esta verdad porque así empieza la fe, por la confianza en las personas que nos han ayudado a conocer.
Pero no es suficiente. Hay que pasar de esta fe, digamos, infantil a una fe basada en nuestras propias experiencias. Hay que dar el salto de la credulidad a la amistad con Dios, por nuestra relación con Jesús. Yo no di este salto hasta los treinta aproximadamente, después de haber pecado mucho. Treinta años de separarme poco a poco del que da sentido a la existencia de todo.
Sin embargo, había un germen en mí, por lo que me enseñaron mis padres, que me lanzó afuera del pozo inmundo donde me encontraba. Y no puedo dejar de dar gracias a Dios por haberme mostrado su infinita Misericordia. El dolor por los pecados, en mi caso al menos, ha sido fundamental para acercarme a Jesús, para buscar tener una relación con Él. De algún modo he de estar agradecida a mi pasado, porque si hubiese sido virtuosa, probablemente no habría pensado siquiera en hablar con Jesús. Y estaría tan tranquila, perdíéndome la Vida. Aunque sin Dios, mucho me temo que poco a poco perdería la virtud, y, por tanto, volvería a buscar a Dios -eso espero-.
Al principio de este camino para conocer a Jesús, me agobiaba bastante no saber cómo tratarlo cuando me encontrase con Él en el Cielo, quizá porque tengo a la muerte pisándome los talones; y por eso me puse manos a la obra. Ahora sé perfectamente qué haré cuando lo tenga cara a cara, porque lo hago cada día: me abrazaré con fuerza a su pecho y Él me devolverá el abrazo. Y después me postraré para adorarlo. Desde luego que todo será nuevo para mí, porque ahora lo hago con el corazón, y allí lo haré con todo mi ser, y eso se tiene que notar.
Este camino que inicié es el de la contemplación, única manera de conocer a Jesús. Contemplar es mirar, escuchar también, con el corazón abierto de par en par, para que el misterio que esconde lo que se contempla pueda irrumpir en el alma, y transformar la vida. Es un camino inagotable, porque Dios es infinito. Por eso no hay que cansarse de contemplar una y otra vez la misma imagen, escena o pasaje.
Yo no sé cómo habría hecho sin la misa diaria y esos ratitos de oración ante el Sagrario. A veces cuando me abrazo al pecho de Jesús en la Cruz no le dejo revelarme nada, porque me pongo a hablar como una charlatana, y me pierdo la contemplación. Aún me queda mucho por aprender y mejorar, pero tengo muy claro cuál es el camino. Y me gustaría que todo el que lea este artículo se lo planteara seriamente, porque es el camino de la verdadera felicidad, la que nunca desfallece.
Otras veces me abrazo a Jesús crucificado y me uno a la oración del buen ladrón, porque yo merezco lo que me pasa, pero Jesús es inocente del todo; y le digo que se acuerde de mí cuando esté en su reino y aunque a mí no me dice que hoy mismo estaré con Él en el Paraíso, sí me dice que si permanezco con Él en la cruz, ya estoy pregustando el Cielo. (cf. Lc 23,39-43)
Otras veces simplemente descanso en su pecho y dejo que Él guíe mis pensamientos. O medito el evangelio del día. Y muchas veces no hago nada porque me distraigo.
Y para terminar, repito lo que decía un poco más arriba: me gustaría que todo el que lea este artículo se planteara seriamente tener una relación íntima y personal con Jesús, porque es el camino de la verdadera felicidad, la que nunca desfallece.

Perfecto!.; Gracias, Águeda
ResponderEliminarQué alegría por tu comentario, y por tu valoración !!!!!😊😊😍
EliminarMe ha gustado mucho la sinceridad con la que cuentas todo el proceso, también las dudas, las caídas y hasta las distracciones en la oración. Porque muchas veces uno lee ciertos testimonios y parecen vidas perfectas desde el principio, y la realidad casi nunca es así.
ResponderEliminarY también me parece muy bonito eso de pasar de una fe aprendida a una relación personal. Supongo que llega un momento en que uno ya no puede vivir solo de lo que le enseñaron otros y necesita recorrer parte del camino por dentro.
Gracias por compartir algo tan íntimo.
Gracias a ti Angelo, siempre es un placer recibir tus comentarios, porque son muy amables y positivos. Que Dios te bendiga.
EliminarQue precioso, Águeda, gracias por compartirlo. Un beso enorme ❤️
ResponderEliminargracias Almu, me alegro mucho de que te haya gustado. A Ver si podemos vernos algún día. Un beso muy fuerte.
EliminarGracias, Águeda. Me has motivado para ir a hacer un ratito de contemplación. Hay que ir entrenando porque, al fin y al cabo, es lo que vamos a hacer por toda la Eternidad. Estamos en ti, contigo. Un abrazo
ResponderEliminargracias Enrique, ojalá dé muchos frutos ese ratito de contemplación. Y te lleve a conocer un poquito más a Jesús.
EliminarQuerida Águeda,
ResponderEliminarMuchas gracias por ese fino apostolado que sin duda está encendido por los dones del Espíritu Santo.
Somos únicos y somos uno. Has llegado a una intimidad admirable con el Señor. Tu camino se ha ido abriendo a la Verdad con la progresión de tu enfermedad.
No es fácil para mi permanecer en la escucha contemplando y me produce una sana envidia pero sobre todo un agradecimiento y una gran alegría conocer a alguien tan cerca de Dios. Dios sabe a quién dónde cómo y cuándo.
Te sigo encomendando
Vicente
muchas gracias Vicente, por tu comentario y oraciones. Cada uno ama como para puede, lo que importa es estar y permanecer. Que Dios te bendiga 🙏
EliminarMuchas gracias Águeda por compartir con tanta generosidad, me abres caminos de reflexión que no había pensado, caminaré por estos. Un abrazo para los dos, siempre a vuestro lado. Álvaro de Mónica.
ResponderEliminarme alegro mucho de ayudarte en los caminos de la fe. Os encomiendo 😊
EliminarQue alegría Agueda. Eres un ejemplo de vida para mí . La sinceridad con la que abres tu alma ayuda mucho a los que somos unos pobres pecadores que no logramos ser constantes en nuestro trato con Dios y que fácilmente nos arrastra el mundo. Gracias y que Dios te bendiga
ResponderEliminarmuchas gracias de corazón por tu comentario. qué mayor alegría puede haber que ayudar a alguien en su camino de fe. Que Dios te bendiga
EliminarMe ha conmovido hasta las lágrimas.
ResponderEliminarUna preciosidad de corazón❤️❤️❤️.
Graciasssss Ageda😘😘🙏🏻🙏🏻🙏🏻Stella
No me puede gustar más tu comentario, porque últimamente publico los artículos con cierto miedo, por si no interesan a nadie; cada vez me lee menos gente. Que te conmueva es para mí una inyección de energía para seguir adelante y no dejarme vencer por el desaliento. Me ha gustado mucho que te hayas acercado a saludarme,:Stella.
EliminarPreciosa tu publicación, tu sigue escribiendo, aunque no lo creas, te leemos mucha gente ya que nos emocionan tus historias y nos alegra mucho que todavía puedas seguir haciéndolo. Un beso .
ResponderEliminarno se si te lo he mandado como anónimo,soy maluzu65
Eliminarmuchas gracias, Mariluz, me alegra que te haya gustado. Que Dios te bendiga
Eliminar¡Qué bonito, Águeda! «La divina maternidad es el fundamento de su especial relación con Cristo y de su presencia en la economía de la salvación operada por Cristo» — Pablo VI.
ResponderEliminarNos recuerda al lema del Papa León XIV: «¡Alzad la mirada!». Y es que verdaderamente nos cuesta contemplar al Señor crucificado y, a los pies de la Cruz, a su Madre adorándole, con la mirada puesta en Él, unida a la obra de la redención del Padre y del Hijo por nuestros pecados.
gracias Ignacio y Elisa, por vuestro comentario, siempre me sorprende la visión muy superior a mi escrito . Me gusta porque me obliga a darle una repensada. Que Dios os bendiga.
Eliminar